El origen del concepto: Tomar once

Una taza de té o café, pancitos calentitos con mantequilla, palta, mermelada o paté son ingredientes imprescindibles para tomar una rica “once”. Este concepto denomina a la instancia de la tarde en que los chilenos se sientan a la mesa y comen sus panecillos. “Tomemos once”, “te invito para la once” o “juntémonos a la hora de once” son expresiones habituales entre nuestros compatriotas.

Lo que puede resultar extraño, si no se sabe el origen del concepto, es por qué se le conoce con este nombre, si por lo general esta merienda se toma entre las 16:00 y las 20:00 horas, periodo que se aleja mucho de las once de la mañana o la noche.

Lo que sucede es que antiguamente, a las once de la mañana, muchos trabajadores se tomaban un descanso que consistía en comer unos pancitos y acompañarlos de un “taquito” de aguardiente, licor muy apreciado por los chilenos en esos tiempos.

Para ocultar el interés, que por encima de los comestibles, se tenía por el aguardiente, los más fanáticos inventaron una clave con la que se aludía a este trago tan apetecido. Y como la palabra “a g u a r d i e n t e” tiene once letras, se simbolizó con la palabra “once” a esta variedad de licor.

De esta forma, el “tomar once” se convirtió en el momento en que junto a los panecillos se ingería el aguardiente. Aunque ya no es en la mañana y tampoco se ingiere alcohol, el tomar once quedó registrado pero la instancia de descanso en la que se comían unos ricos panecillos.


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