Romina Maroli: El escuchar

Hay oportunidades en que sin estar preparados llega alguien a querer contarnoslo todo, sus palabras salen a toda prisa con altísimas dosis de tensión y emoción, como si fuera una olla a presión que explota, como si las palabras hubieran sido contenidas a tal punto que esa persona ya no sabe qué hacer con tanto que siente y simplemente bota todo a borbotones, y ahí, frente a ellos estamos nosotros, que no sabemos qué hacer, ni decir, ni cómo escuchar, si opinar algo o no…

La verdad es que muchas veces esas personas guardan y guardan porque sienten que nadie quiere escucharlas de verdad, temen no ser comprendidos, y genuinamente creen que no pueden hablar con nadie de lo que les pasa, porque cada vez que han intentado hablar se han sentido rechazados o esquivados al encontrarse con personas que les dicen cosas como “no es para tanto ya lo superaras… y si salimos por unos tragos?” o “mira, cuando yo pasé por una situación parecida la verdad no me angustie tanto porque hice tal y tal cosa y finalmente salí adelante y etc. etc.” y en vez de escuchar terminan hablando de ellos mismos… Entonces pasa eso, que por un lado, hay una persona que está mal exponiéndose a corazón abierto con la esperanza de obtener algo de ayuda, y por el otro tenemos a alguien que le cambia radicalmente el tema como si no pasara nada, lo que termina dejando más dañada a la persona que intenta ser escuchada a fuerza de exponerse y sin poder lograrlo…

Qué hacemos entonces, cómo actuar en una situación de este tipo, simplemente contener, mantener una escucha activa, lo que implica no solo escuchar atentamente y sin interrupciones, sino que además mantener una predisposición corporal que indique que realmente estamos ahí, sostener la mirada, mantener una expresión empática en el rostro, tomar la mano, abrazar, secar lágrimas, sostener el silencio si es necesario, o acompañar en silencio, y si hablamos decir palabras que no invadan sus emociones ni traten de interrumpir el flujo de descarga emocional de quien tenemos enfrente pidiendo auxilio, sacarnos a nosotros mismos del protagonismo por un rato y evitar comparar, porque cada cual vive su pena de un modo único y particular, y si no sabemos qué decir, no decir nada y quizás acompañar con algo tan simple como “acá estoy” ” dime cómo puedo ayudarte” “cuenta conmigo”… De eso se trata empatizar, ponerse en los zapatos del otro y estar presentes con el alma….
Te ha pasado alguna vez? Nos cuentas?

Escrito por: Ps. Romina Maroli

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Psicóloga clínica, arteterapeuta graduada en SVA New York, diplomada en Psicología Positiva y Bienestar con mención en educación positiva y arte y creatividad, formada en Mindfulness y autocompasión, formada en prevención del abuso sexual infantil y sexualidad, fundadora del centro de atención Clínica “La Puerta Azul Chile”, Socia fundadora de Movimiento FloreSer.


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